Para el aficionado al reclamo tradicional, el oído es la herramienta más fina. Un buen cuquillero no necesita asomarse por las aspilleras del puesto para saber qué está pasando a cincuenta metros: el pájaro en la jaula se lo va relatando paso a paso a través de las distintas modulaciones de su voz.
La perdiz roja (*Alectoris rufa*) cuenta con un repertorio acústico extraordinario. Estos son los cinco cantos fundamentales que todo cazador debe saber reconocer y valorar:
1. El reclamo mayor o cante de partida
Es el cante potente, sonoro y de largo alcance. El macho estira el pescuezo, levanta la cabeza hacia el cielo de la jaula y lanza sus coplas claras para hacerse oír en todo el barranco.
Su función biológica es marcar territorio y anunciar su presencia a los bandos o parejas que peonan lejos. Un pájaro de categoría arranca a cantar de partida con firmeza pero sin atropellarse, dejando silencios justos para escuchar si el campo le responde.
2. Dar de pie: el compás y la cadencia
Cuando el macho escucha contestación en el monte, no se alborota ni grita a destiempo: empieza a dar de pie. Es un cante rítmico, acompasado, emitido con el cuerpo tranquilo y las plumas asentadas.
«Dar de pie» es el verdadero imán del reclamo: mantiene la tensión del macho del campo, invitándolo a acercarse paso a paso sin asustarlo. Un pájaro que no sabe dar de pie y solo chilla a la desesperada suele ahuyentar a las perdices bravas del coto.
3. El piñoneo: la llamada del celo
Es una de las melodías más emocionantes del cuquillo. Consiste en una sucesión rápida y limpia de notas cortas que recuerdan al partir de un piñón. El macho lo emite cuando siente que las perdices del monte ya están cerca, peonando entre la maleza.
El piñoneo transmite afecto, llamada de pareja y deseo de encuentro. Las hembras del campo responden a esta voz con suma facilidad, acudiendo a la plaza de la jaula con paso decidido.
4. El ticheo o cante de tierra
Cuando los pájaros del campo han asomado al claro y están a pocos metros de la jaula, el macho baja el volumen de forma casi imperceptible. El ticheo son notas bajas, guturales, emitidas hacia el suelo del casillero.
Es una voz íntima que busca calmar los recelos de las campesinas, convenciéndolas de que no hay peligro en aproximarse a la base del tanto.
5. El regaño y el cante de recibo: bravura frente al rival
Si quien entra en la plaza no es una hembra dócil sino un macho viejo del campo dispuesto a pelear, la actitud cambia al instante. El macho de jaula esponja el collar, baja la cabeza, arquea las alas y lanza el regaño: un chasquido áspero y gutural que desafía directamente al intruso.
Inmediatamente después enlaza el cante de recibo, una copla vibrante y apasionada que paraliza al macho campesino en el limpio del puesto.
Un macho que solo tiene una voz es un reclamo incompleto. El macho maestro es aquel que sabe cambiar de registro según lo que el campo le pide en cada minuto del lance.
En Perdices Tavi llevamos dieciséis años escuchando pájaro a pájaro en Huéneja para apartar únicamente a los que poseen esta variedad sonora. Puedes conocer más sobre nuestro proceso en nuestra guía de selección de machos de reclamo o visitar nuestra sección dedicada al reclamo tradicional.
