Una escena habitual en muchas fincas cinegéticas al recibir una partida de perdices: el furgón detiene el motor en el camino de tierra, los socios del coto se agolpan alrededor de las cajas entre risas y voces, y en menos de cinco minutos se abren los cierres de par en par. Las aves salen disparadas en desbandada vertical, perdiéndose en el horizonte sin control.
Esa práctica es la receta perfecta para el fracaso de una repoblación. Las perdices necesitan un protocolo de reposo y aclimatación riguroso antes de pisar el suelo del coto.
1. El estado fisiológico tras el viaje
Por muy bien acondicionado que esté el furgón y por muy cuidada que sea la ventilación, el transporte por carretera y caminos bacheados genera un estado de estrés agudo en el animal:
- Frecuencia cardíaca acelerada y deshidratación por la ventilación forzada y la tensión del movimiento.
- Pérdida temporal del equilibrio espacial: Las vibraciones continuadas del viaje alteran el aparato vestibular del oído interno de las aves.
Si se liberan en ese estado, sufren lo que en etología cinegética se denomina vuelo ciego: vuelan en pánico sin fijar referencias del terreno, estrellándose contra tendidos eléctricos o alambradas de espino, o cayendo a dos kilómetros de distancia en la linde del coto vecino.
2. El reposo en sombra: los 45 minutos obligatorios
Al llegar al punto del coto donde se va a realizar la suelta:
- Descarga los módulos de transporte con movimientos suaves y deposítalos en el suelo bajo la sombra espesa de un grupo de encinas o matorrales.
- Aleja a la gente, los perros y los vehículos. El entorno debe quedar en silencio absoluto.
- Deja reposar a las aves durante un mínimo de 45 a 60 minutos. En ese tiempo, las pulsaciones del corazón bajan a niveles normales, los ojos se acostumbran a la luz natural filtrada y las perdices se reagrupan y se tranquilizan.
3. La apertura silenciosa: salir peonando, no volando
El objetivo de una suelta perfecta es que el cien por cien de las aves salga peonando (andando) hacia el monte, no volando:
- Orienta la compuerta de salida de la caja mirando directamente hacia una mancha densa de matorral protector (romeros o aliagas), a menos de dos metros de la vegetación.
- Abre la trampilla suavemente y da varios pasos hacia atrás en silencio.
- Las aves asomarán la cabeza con cautela, picotearán las piedras del suelo y se desplazarán en fila india caminando bajo la maleza sin levantar un solo aletazo.
La perdiz que sale andando memoriza el terreno, localiza el agua y la comida cercana, y se queda en la querencia. La que sale volando a ciegas, rara vez vuelve al punto de suelta.
En Perdices Tavi acompañamos a nuestros clientes en cada entrega para aplicar estos protocolos sobre el terreno. Consulta todas nuestras recomendaciones en nuestra guía sobre los errores más costosos en la repoblación de perdiz roja o infórmate sobre nuestras partidas de perdiz para repoblación y ojeo.
