A finales de junio, la maquinaria agrícola moderna siega cientos de hectáreas de cereal en cuestión de días. El paisaje cambia de golpe: desaparece la cobertura vegetal alta y el suelo queda reducido a un rastrojo desnudo donde cualquier perdiz roja (*Alectoris rufa*) es visible a kilómetros por águilas y azores.
Para amortiguar este choque ecológico y evitar que los bandos abandonen la finca en busca de comida y sombra, los cotos bien gestionados recurren a las siembras cinegéticas: pequeñas parcelas sembradas expresamente para la fauna menor que no se cosechan y quedan en pie durante todo el estío.
1. El diseño en fajas: por qué una parcela grande no sirve
Un error habitual es sembrar una única tabla grande de cinco hectáreas en un rincón del coto. La perdiz es un ave de borde y desconfía de los centros despejados de grandes campos abiertos.
La fórmula eficaz es sembrar fajas largas y estrechas (de 10 a 20 metros de anchura por 100 o 200 de longitud), siempre adosadas a linderos de monte, arroyos secos, pedrizas o ribazos de esparto. De este modo, las aves comen en la siembra teniendo el refugio espeso a menos de tres metros de distancia.
2. La mezcla ideal de semillas
No conviene emplear una sola variedad de semilla. Una mezcla equilibrada combina cereal y leguminosas:
- Cereal rústico (cebada caballar o centeno): Aportan una caña fuerte que resiste el viento sin tumbarse y espigas ricas en almidón que van desgranando poco a poco en el suelo.
- Leguminosas (veza villosa o yero): Fundamentales para aportar proteína cruda a las aves y fijar nitrógeno en el suelo. La perdiz es voraz consumidora de las vainas tiernas y semillas de veza silvestre.
- Girasol silvestre o sorgo forrajero: Plantas de porte alto y hoja ancha que generan un microclima de sombra fresca a ras de suelo y producen cabezas de semilla grasa muy apreciadas en otoño.
3. Doble función: alimento e insectos para perdigones
Además del grano en espiga, estas parcelas sin tratamientos fitosanitarios ni herbicidas albergan una densidad altísima de saltamontes, hormigas y escarabajos, constituyendo el comedor natural indispensable para los perdigones nacidos en mayo y junio.
Una hectárea de siembra cinegética bien distribuida en cuatro fajas a lo largo del coto retiene más perdices que diez comederos de chapa colocados en mitad de la nada.
En Perdices Tavi defendemos una visión integral de la gestión cinegética: no se trata solo de soltar aves de calidad genética comprobada, sino de preparar el coto para recibirlas. Lee nuestros consejos sobre cobertura y monte mediterráneo o consulta cómo trabajamos la perdiz roja para repoblación.
