Cualquier cazador de menor sabe distinguir a la legua una perdiz criada en una nave angosta de una perdiz nacida y desarrollada en grandes voladeros de campo. La primera arranca pesada, vuela en línea recta horizontal a dos metros del suelo y cae rendida al poco trecho. La segunda rompe el aire con un chasquido seco de alas, coge altura en tres aletazos y quiebra la trayectoria con un planeo curvo imposible de seguir.

1. La fisiología del vuelo galliforme

La perdiz roja (*Alectoris rufa*) posee una musculatura pectoral muy potente pero compuesta mayoritariamente por fibras musculares blancas de contracción rápida. Este diseño anatómico le permite desarrollar una aceleración vertiginosa en cuestión de fracciones de segundo (imprescindible para burlar el ataque sorpresa de un zorro o un gavilán), pero acumula ácido láctico rápidamente.

Para que esa musculatura se desarrolle y la quilla esternal alcance la osificación y profundidad adecuadas, el ave tiene que ejercitar el batir de alas a diario desde que cumple las cuatro semanas de vida. Si el animal pasa su juventud en habitáculos de pocos metros donde solo puede dar saltos cortos de un posadero a otro, los músculos pectorales quedan atrofiados y el corazón no desarrolla capacidad aeróbica.

2. La estructura del voladero: longitud, altura y pendiente

En la cría cinegética de calidad, las dimensiones del voladero no admiten atajos:

  • Longitud mínima de 70 a 100 metros: Es la distancia necesaria para que el bando despegue, alcance la velocidad de crucero en el aire, mantenga el vuelo sostenido y termine con un planeo técnico antes de posarse.
  • Suelo con vegetación natural y desniveles: La presencia de matas de romero, aliagas y lomas de tierra obliga a las perdices a elevarse activamente para sortear obstáculos y a maniobrar con los timones de la cola para quebrar.
  • Mallas de techo altas y flexibles: Con al menos 3 o 4 metros de altura libre para permitir arrancadas verticales sin riesgo de golpe craneal.

3. La diferencia en los ojeos y en la repoblación

En los cotos que organizan tradicionales ojeos de perdiz, la bravura y altura de los pájaros sobre la línea de escopetas es el baremo con el que se mide el prestigio de la jornada. Un pájaro sin músculo pasa bajo y lento, desluciendo el lance.

Y en la repoblación de cotos, una perdiz sin vuelo potente es presa fácil para cualquier carnívoro en sus primeras cuarenta y ocho horas en libertad.

El músculo se cría con metros de aire. No hay pienso ni secreto en el mundo que sustituya a un voladero de cien metros batiendo ala contra el viento de la sierra.

En las llanuras altas de Huéneja, a más de 1.100 metros de altitud, las instalaciones de Perdices Tavi aprovechan el viento fresco de Sierra Nevada para entrenar el vuelo de cada manada. Si buscas pájaros con fuerza y nervio para tu coto, infórmate sobre nuestro servicio de perdiz roja para ojeo y repoblación.